Emilio Flor: “El objetivo de Balbo no es solo el teatro, sino crear una familia de buenos ciudadanos”
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Emilio Flor: “El objetivo de Balbo no es solo el teatro, sino crear una familia de buenos ciudadanos”

Radio Puerto25 de octubre de 202611:00

El fundador del Grupo de Teatro Balbo repasa más de medio siglo de trayectoria, reivindica la vigencia de las humanidades y defiende el valor educativo del teatro grecolatino entre las nuevas generaciones.

Emilio Flor Jiménez ha dedicado buena parte de su vida profesional a la enseñanza y divulgación del mundo clásico. Licenciado en Filología Clásica y catedrático de Latín, ejerció como profesor en las universidades de Sevilla y Cádiz y desarrolló después una larga trayectoria docente en Secundaria, especialmente ligada al IES Santo Domingo de El Puerto de Santa María, del que también fue director.

 

Pero si una pasión ha recorrido de principio a fin su trayectoria ha sido el teatro. En 1974 puso en marcha el germen del actual Grupo de Teatro Balbo, convertido con el paso de las décadas en una referencia de la divulgación del teatro grecolatino y en una escuela por la que han pasado generaciones de jóvenes portuenses. Esa trayectoria le valió en 2022 la Medalla de Oro de la Ciudad y este año ha vuelto a recibir reconocimiento nacional con el Premio Promotor de los Estudios Latinos 2026, concedido ex aequo por la Sociedad de Estudios Latinos por su carácter pionero en el uso del teatro clásico como herramienta educativa y por su labor al frente de Balbo. Un reconocimiento que llega en un año en el que la compañía representó a España en el XIII Festival Internacional Juvenil de Teatro Antiguo de Messene, en Grecia, con "Coéforas", de Esquilo.

 

Jubilado de la enseñanza reglada, Emilio Flor mantiene viva en Balbo su vocación docente y su apuesta por transmitir a los jóvenes unos valores que van mucho más allá del escenario. Radio Puerto habló con él sobre este nuevo reconocimiento, el presente y el futuro de Balbo, el teatro grecolatino y la vigencia de las humanidades y de los valores heredados de la Antigüedad clásica.

 

 

Después de tantos años al frente del grupo de teatro clásico, ¿qué le impulsa a seguir? ¿Qué le aporta hoy Balbo a Emilio Flor?

Me da mucha pena dejarlo. Llevo 53 años seguidos haciendo teatro grecolatino y Balbo no es solo teatro. Tiene una labor docente y educativa muy importante. El objetivo es también crear una familia de buenos ciudadanos, que se respeten, tengan disciplina y sepan lo que significan el esfuerzo y el trabajo. Además, el grupo se renueva continuamente. Cada año entran chicos y chicas muy jóvenes, algunos con 13 años, y eso hace que Balbo siga vivo. Yo ya soy un poco el abuelo del grupo. Ellos me quieren y yo los quiero a ellos. Todo esto se hace, además, de manera altruista. Estamos aquí porque somos felices. Mientras pueda seguir ayudando y existan compromisos y proyectos por delante, Balbo va a seguir existiendo.

 

¿Qué puede encontrar hoy un adolescente de 13 años en una tragedia griega o en una comedia latina que le sirva para entenderse a sí mismo y entender el mundo que le rodea?

Muchísimo. En las tragedias, que son las obras que yo dirijo, encuentran vocabulario, lectura y profundidad, pero también situaciones y valores que siguen plenamente vigentes. En "Ifigenia", por ejemplo, aparece la idea de dar la vida por los demás; en "Medea", esa locura de amor; y en "Edipo Rey", la investigación y sus consecuencias. Las tragedias hablan también de valores democráticos, de comportamientos dictatoriales… Se aprende muchísimo con ellas. Y con la comedia ocurre algo parecido. Para entender muchas de las comedias de hoy hay que conocer los recursos que ya utilizaban Plauto o Aristófanes. "Asamblea de mujeres", por ejemplo, es una comedia política, mientras que con Plauto el objetivo fundamental es hacer reír. Los textos clásicos siguen funcionando: se puede hacer pensar con una tragedia griega y se puede hacer reír con un texto griego o latino respetando lo que escribieron hace tantos siglos.

 

Después de más de medio siglo de trayectoria, ¿qué diría que distingue hoy a Balbo de otros grupos de teatro grecolatino?

Balbo ha sido una escuela tanto en lo personal como en lo teatral, y creo que también se ha convertido en una referencia del teatro grecolatino en España. Cuando nosotros empezamos habría cuatro grupos dedicados a este tipo de teatro. Con los años hemos impartido cursos en Extremadura, Murcia o Cataluña, y también fuera de España, en lugares como Coimbra o Lisboa. Hoy existen muchos más grupos, unos surgidos desde las aulas y otros con un carácter más profesional, y eso es una alegría. Pero si tuviera que señalar una seña de identidad de nuestros montajes sería el compromiso con la fidelidad a las obras. Respetamos mucho el texto y la estructura de la tragedia y de la comedia. Hay magníficas adaptaciones más libres del teatro clásico, pero nosotros hemos seguido otro camino. Creemos que se puede hacer pensar al público con el propio texto griego y hacer reír con los textos griegos y latinos manteniéndonos fieles a lo que escribieron sus autores.

 

¿En qué ha cambiado Balbo desde aquellos primeros años hasta hoy? ¿Y en qué diría que sigue siendo el mismo grupo?

He cambiado yo también. Al principio tenía menos experiencia y trabajábamos de una forma bastante más desordenada. Perdíamos más tiempo en los ensayos, pero recuerdo aquella etapa como muy creativa, con mucha espontaneidad, improvisación e ilusión. Aceptábamos prácticamente cualquier oportunidad de actuar y muchas veces éramos nosotros mismos los que poníamos dinero para poder viajar. Con los años he aprendido viendo teatro y, sobre todo, de todas las personas que me han ayudado. Ahora el trabajo es mucho más organizado y eso nos permite conseguir buenos resultados en menos tiempo. Hoy los chicos ensayan muchas horas los viernes y los sábados, también durante puentes o vacaciones, y podemos mantener varios montajes a la vez. Eso exige muchísimo compromiso. Lo que permanece es el vínculo humano. En aquellos primeros años quizá todo era más espontáneo y pasábamos muchísimas horas juntos. Hoy vamos más directamente al resultado, pero Balbo sigue teniendo esa dimensión de familia.

 

¿Cómo se completa fuera del escenario esa formación que busca Balbo?

Intentamos aprovechar todo lo que nos ofrece el teatro para que los jóvenes aprendan también fuera del escenario. Cuando viajamos para actuar solemos irnos uno o dos días antes, siempre que podemos, para conocer el lugar. Si vamos a Mérida, por ejemplo, aprovechamos para conocer Mérida, pero también Trujillo o Cáceres. Son viajes culturales y, a esas edades, eso supone una riqueza enorme. También procuramos que vean mucho teatro. Con los recursos que genera Balbo los llevamos a espectáculos, también aquí en El Puerto, porque entendemos que para aprender hay que ver trabajar a otros actores y actrices, conocer otras formas de hacer teatro y acercarse a la creatividad de los demás. No se trata solo de hacer teatro, sino de aprender cultura y de aprender viendo cultura.

 

¿Qué relación mantiene hoy nuestra sociedad con sus raíces grecolatinas? ¿Y qué papel deberían ocupar el latín, el griego y las humanidades en la educación?

Lo más preocupante para mí es lo que está ocurriendo en la educación. Cada vez se reducen más las horas de latín y de griego y también pierden espacio otras materias relacionadas con las humanidades, como la filosofía. Entiendo que se incorporen asignaturas vinculadas a nuevas necesidades y a futuras profesiones, pero eso no debería hacerse a costa de una formación humanística que considero fundamental. El griego, por ejemplo, está desapareciendo en la práctica de muchos centros porque, aunque figure en el currículo, si no existe un número suficiente de alumnos es muy difícil que se mantenga. Y con el latín también se han ido reduciendo las horas. No debemos olvidar que el latín y el griego están en la base de nuestra lengua y de nuestra cultura. El castellano, el catalán o el gallego son lenguas romances que proceden del latín. Conocer esas raíces ayuda a conocer mejor nuestra propia lengua, a leer, a escribir y a expresarnos. Y esto no es incompatible con la ciencia o con una formación técnica. Algunos de los mejores alumnos que he tenido en teatro eran precisamente estudiantes de ciencias. Un buen científico, un médico o cualquier profesional también necesita leer bien, escribir bien y saber comunicar. Por eso creo que las humanidades siguen siendo necesarias.

 

¿Qué significa para Balbo representar en El Puerto y encontrarse con el público de su propia ciudad?

En El Puerto jugamos con ventaja, porque nuestro público está aquí. Tenemos a las familias y a muchas personas que conocen y siguen al grupo desde hace años. Por eso me alegra especialmente que últimamente se cuente cada vez más con Balbo, tanto en espacios como el Teatro Municipal como en iniciativas como las representaciones en el Jardín de Cano. Eso también dignifica el trabajo que hacen los jóvenes. Y me parece importante que el teatro no se quede únicamente dentro de una sala. Hay personas que quizá no van habitualmente al teatro y por eso también es bueno llevarlo hasta sus barrios y sus zonas de convivencia. En los últimos años hemos empezado a trabajar en esa línea, colaborando con asociaciones vecinales y con el Ayuntamiento.

 

¿Cómo trabaja Balbo para acercar el teatro grecolatino a los jóvenes que no forman parte del grupo?

Una de nuestras principales actividades de divulgación son las Jornadas Grecolatinas, dirigidas a estudiantes y que se celebran todos los años en el Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca. Reunimos aproximadamente a 500 estudiantes para ver la tragedia y a otros 500 para la comedia. Además, mantenemos un contacto previo con el profesorado de los centros que quiere asistir con sus alumnos. Es una iniciativa que venimos desarrollando desde hace muchos años y que permite acercar el teatro grecolatino directamente a los estudiantes a través de las representaciones.

 

¿Qué necesita hoy El Puerto para facilitar el trabajo de sus grupos culturales y fomentar la creación?

Una de las principales necesidades son los espacios. Nosotros mismos hemos pasado por momentos complicados para encontrar un lugar donde ensayar y desarrollar la actividad de Balbo. Hay espacios municipales, pero muchas veces están sujetos a horarios determinados y grupos como el nuestro necesitan trabajar también los fines de semana. Yo llevo muchos años planteando una idea: aprovechar alguna de las antiguas bodegas de El Puerto antes de que desaparezcan y convertirla en un espacio dedicado a la cultura y a la creatividad. Podría albergar locales de ensayo y de reunión para grupos de teatro, música, asociaciones vecinales, artesanos o colectivos de mayores. He visto experiencias parecidas en otros lugares y creo que aquí podría funcionar. Sería también una forma de conservar parte de nuestro patrimonio y de conseguir que quienes utilizaran esos espacios devolvieran algo a la ciudad mostrando después su trabajo en actividades abiertas al público. Ese es un sueño que tengo desde hace muchos años.

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