Patrimonio Histórico

Tras la huella de la saga que convirtió a El Puerto en la Ciudad de los Cien Palacios

Martes, 5 Septiembre, 2017 - 09:53

Vizarrón, Araníbar, Valdivieso,… Nombres míticos que nos retrotraen a uno de los pasados más esplendorosos de El Puerto. Hablamos de finales del siglo XVII, cuando la famosa saga de cargadores a Indias oriundos de Navarra se instaló en la ciudad. Su influencia fue tal que acabaron transformando al municipio en un floreciente enclave comercial con las Américas. Ahí nació el sobrenombre de la ciudad de los cien palacios del que hoy presume con orgullo El Puerto.

Cien palacios, sí, pero ¿cuál fue el primero? El Palacio de Araníbar, actual sede de la Concejalía de Turismo, situado junto al Castillo de San Marcos, en la Plaza de Alfonso X "El Sabio", erigido en 1660, es el más antiguo con el que cuenta la ciudad. Ahí, lógicamente, es donde arranca la ruta teatralizada que este verano la Concejalía de Patrimonio Histórico ha puesto en marcha para conmemorar el tricentenario del traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz que depararía el despegue comercial de la ciudad.

 “1717: El Puerto del comercio con América” se denomina esta actividad, que está cosechando un enorme éxito entre portuenses y visitantes. Organizada por la Concejalía de Patrimonio Histórico, cuenta con la colaboración con Urbanismo, Turismo, Medio Ambiente y los propietarios de la Casa-Palacio Pablo Vizarrón y la Real Fábrica de Aguardientes y Licores.

Radio Puerto acompañó hace unos días a la técnico de Patrimonio María del Mar Villalobos en su recorrido tras las huellas de la saga que convirtió a El Puerto en la ciudad de los cien palacios. Villalobos ejerció de cicerone en el viaje de ida y vuelta al esplendor más “vizarrón”, que estuvo amenizado por jóvenes actores del grupo Balbo, y por los sones de las colombianas y tanguillos de Cádiz interpretados por un grupo de Carnaval, con el célebre Pedrito García al toque.

Villalobos derrochó pasión y sapiencia a parte iguales, introduciendo a los más de medio centenar de participantes en un relato apasionante sobre aquellos emprendedores que supieron aprovechar las múltiples posibilidades que se le abrieron a El Puerto, por su estratégica ubicación en la navegable desembocadura del río Guadalete, tras desecharse el canal de navegación de Sanlúcar.

La técnico, en una de sus primeras intervenciones, glosa la historia de esos primeros comerciantes, de ese linaje Vizarrón-Araníbar, los impulsores del desarrollo económico y del esplendor artístico de la ciudad, que cambiaron por completo la fisonomía de la ciudad.

“Juan de Araníbar se establece en El Puerto a mediados del siglo XVII y va a ser un personaje muy importante durante esta etapa. Entonces El Puerto era todavía una ciudad de señorío, pertenecía a la Casa Ducal de Medinaceli. Fue el Duque de Medinaceli el que le cede el solar para construir el Palacio de Araníbar. Juan de Araníbar no sólo fue un cargador a Indias, un comerciante con América. Llegó a ser capitán y regidor de El Puerto e inició un linaje de cargadores a Indias, el ya mencionado linaje Vizarrón-Araníbar”.

Tras ello, tocaba el turno de adentrarse en el interior del Palacio de Araníbar, donde la primera actuación de los actores del Grupo Balbo metió a los asistentes en materia, en esas primeras negociaciones para conseguir sumarse al floreciente negocio con las Américas, antes incluso del traslado de la Casa de Contratación.

Porque, según explicaría luego María del Mar Villalobos, antes incluso del traslado de la Casa de Contratación, Cádiz y su Bahía habían empezado a cobrar protagonismo en el negocio con las Indias, por las dificultades que entrañaba el acceso y la navegación por la barra de Sanlúcar, así como también por la peste que diezmó considerablemente la población de Sevilla.

La ruta enfilaría después por la plaza de Cristóbal Colón, para llegar a la Bajamar, epicentro de lo que entonces se conocía como la Plaza de los Escribanos, la zona comercial y administrativa más importante de El Puerto de Santa Maria en el siglo XVIII, con edificios muy representativos de ello. De espaldas al río, tocaba admirar la casa palacio de Pablo Vizarrón, hoy reconvertida en una casa de vecinos, que albergara la Aduana Real, y a la derecha, en la confluencia con la calle Palacios, la Aduana Ducal. Villalobos explicó de este modo la doble administración que regía en aquellas fechas en El Puerto, a causa de la existencia de las dos aduanas: la real y la ducal.

El apasionante recorrido por la estela de la saga de los cargadores proseguiría luego en el interior del pub Milwaukee, un bello edificio que sobresale en todo este enclave conocido como la Pescadería. Allí, de la mano de los actores de Balbo, los asistentes conocerían las primeras inquietudes de los habitantes de El Puerto de entonces, molestos por el alto pago de impuestos que se les exigía por la coexistencia de las dos aduanas.

Estas críticas, comandadas especialmente por los cargadores a Indias, cristalizarían tiempo después en la consecución por parte de El Puerto del título de Ciudad de Realengo. Fue de hecho el 31 de mayo de 1729, según explicó María del Mar Villalobos, cuando se firmó el decreto por el que El Puerto dejaba de ser una Ciudad de Señorío, para pasar a depender de la Corona, quedando de este modo abolido el pago de impuestos a la Casa Ducal de Medinaceli.

Después, llegaría el turno de conocer de primera mano la singular historia del edificio que albergara, a finales del siglo XVIII, la Real Fábrica de Licores y Aguardientes, tras ser expropiado a un holandés por la Corona española después del asalto angloholandés. Este curioso episodio del pasado de El Puerto, así como la rutina cotidiana de los habitantes de la ciudad en aquella fecha, fue escenificado también por tres jóvenes intérpretes, de manera muy simpática.

El esplendor industrial que impulsó el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz comenzaría a declinar a principios del XVIII. Los convulsos inicios del siglo XIX, con la batalla de Trafalgar y la Guerra de la Independencia como principales exponentes, provocarían el retroceso de la actividad, especialmente en la Real Fábrica de Licores.

Tras ello, tocaba adentrarse en la Plaza del Polvorista, una zona edificada a finales del siglo XVII, conocida entonces como el Campo del Socorro o el barrio de Guía, por la ermita del mismo nombre que estuvo emplazada en la actual ubicación del Hotel Santa María, en la que se encomendaban los marineros antes de echarse a la mar.

En todo este enclave se alzan aún hoy varias casas de cargadores a Indias. Entre ellas, la más famosa, conocida popularmente como la Casa de las Cadenas, construida por el sobrino de Juan Araníbar, Juan Vizarrón Araníbar, y que fue precisamente donde se firmó el decreto por el que El Puerto dejó de ser ya una ciudad de señorío. En este palacio se alojarían Felipe V e Isabel de Farnesio durante sus visitas a la ciudad. De ahí que luzca en su fachada las famosas cadenas que le han dado nombre.

La técnico de Patrimonio proseguiría luego glosando la historia de las restantes edificaciones que se erigieron en este enclave en la misma época e incluso anterior. De este modo, comenzó refiriéndose al antiguo Cuartel de Caballería e Infantería, donde hoy se ubica el Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca, justo enfrente de la Casa de las Cadenas, y a la ya extinta Capitanía General de la Mar Océana, en otra esquina de la plaza del Polvorista. A renglón seguido, tocaba hacer la siguiente parada de la ruta: el antiguo Ayuntamiento, la casa de los Reinoso Mendoza, una familia que se enriqueció gracias al comercio del aceite y que llegó a ostentar importantes cargos tras pasar a ser El Puerto Ciudad de Realengo.

Ya enfilando hacia el último tramo de la ruta, fue cuando un grupo de Carnaval, con el célebre Pedrito García al toque, amenizó a los asistentes con varias colombianas y tanguillos de Cádiz.

Las claves para entender la relación de este célebre tanguillo y todos estos cantes de ida y vuelta con la historia de los cargadores y la actividad comercial, las ofrecería a renglón seguido María del Mar Villalobos, aludiendo a los tesoros que naufragaron a bordo de los barcos que regresaban de la ruta de las Indias.

El recorrido finalizaría en el Palacio de Valdivieso, en la calle Sol, actual sede de la Concejalía de Urbanismo, levantado por Bernardino Valdivieso Benítez en 1679. Allí, otra representación de los jóvenes actores de Balbo transportó a los asistentes a ese pasado de esplendor acuñado por los cargadores, que lograron transformar una pequeña villa pesquera en una floreciente ciudad con un protagonismo indiscutible en el comercio con América. Unos comerciantes que no solo se dedicaron a los negocios sino que también efectuaron una importante contribución al patrimonio histórico y artístico, como lo demuestran los bellos frescos que pueblan las paredes de este último palacio y su pequeña capilla, las últimas escalas de la ruta.

Se trata en suma de un apasionante viaje a los orígenes de la singular arquitectura que caracteriza a nuestra ciudad, relatada con mucho mimo y arte por personal de la Concejalía de Patrimonio, que está cosechando un enorme éxito este verano entre portuenses y visitantes. La última ruta tiene lugar hoy día 5 de septiembre. Si pueden, no se la pierdan. No se van a arrepentir.